viernes, 28 de noviembre de 2008

Estuvo rico pero sé que estuvo mal



Una de las últimas parodias de Peter Capusotto (foto) se las agarra con esas criaturas indefensas que fueron los Carpenters. Sobre la melodía de "Top of the world", se cantan las canciones de un supuesto dúo de hermanitos argentinos promocionado por las ligas de moralidad para enderezar a la juventud descocada, con los previsibles resultados: "trincarme a los albañiles, estuvo rico pero sé que estuvo mal".

Con todo lo que adoro a Capusotto, qué fácil es pegarle a los Carpenters.

Nunca tuvieron respiro. Aparecieron en 1970, sobre el cadáver fétido de los años sesenta, después de las masacres de Altamont y Kent, y en momentos en que las estrellas de rock (Joplin, Hendrix, Brian Jones, etc.) se dedicaban a morirse como moscas intoxicadas. La canción con la que aparecieron, "Close to you", era una simple canción de amor, en la mejor tradición del género, como no podía ser de otro modo viniendo de Burt Bacharach. La imagen de niños bien de clase media, alejados por completo de las inquietudes de su generación, más cierto toque endulcorado en su sonido, hizo el resto. No los reinvidicó ni siquiera la tragedia de que Karen Carpenter muriera joven, porque no fue de sobredosis, sino de anorexia, una enfermedad de nombre griego que no tiene mucho rocanrrolnenene.

No discuto que el stablishment haya intentado usarlos para promocionar valores tradicionales, pero lo cierto es que, en tiempos tan convulsionados, todo el mundo estaba necesitando una canción de amor, del mismo modo que, cuando estás enfermo, deseás comerte un simple bife, sin el habitual mole de psicodelia, revolución y sexo explícito.

Ahora con Miranda, pasa algo parecido. Por una cuestión de imagen o de estética sonora, tienen que pedir disculpas por hacer sus excelentes "tontas canciones de amor" (¿y qué hay de malo en eso? preguntaría McCartney).

Esta semana volví a escuchar una canción de los Carpenters, pero en la versión de su compositor original, Paul Williams (miren qué nenes escribían para los hermanitos). La canción se llama "Acabamos de empezar" (We've only just begun"), y es sencillamente perfecta. Trata un tema de una pureza y una universalidad conmovedoras: la situación de una pareja joven que inicia una vida de estar juntos, con sus sueños, sus inseguridades, su regocijo por lo desconocido por venir. La melodía es uno de esos discursos que van creciendo de a poco, casi pidiendo permiso, con una progresión de acordes que parece no decir nada pero termina exhibiendo una contundencia tysonesca. Medio Disney, probablemente, pero ¿acaso el mismo Miles Davis no grabó la canción central de "Blancanieves"?

Es así con la moralina rockera (nenene). Uno termina sintiéndose culpable hasta de lo que mejor le hace.